1. SAFARI

    SAFARI

    Mientras el mundo desarrollado crea para sí mismo la imagen del debilitamiento de la opresión patriarcal, al mismo tiempo intensifica las normas mas extremas de esa misma opresión en lugares y tiempos que están fuera de la proyección civilizada. En el mismo momento en el que está estableciendo una imagen de igualdad entre los civilizados, está construyendo a montones los ataúdes de la explotación sexual masiva y está juntando en los barrios metropolitanos a mujeres en condiciones de miseria, que vienen de los estados arruinados por el capitalismo humanitario, para que encarnen el papel de prostitutas des-fignificadas por completo. Se crea un enorme mercado basado en la «libre elección» del hombre primermundista para que pueda adornar su colección sexual con esclavas del tercer mundo, y al mismo tiempo ser capaz de reconocer la supuesta dimensión de la emancipación de la mujer primermundista.

    Todo esto no es solamente un ejemplo más -aunque no sería malo- de la jerarquía que ejerce el «mundo desarrollado»  sobre el resto del mundo. El consumo de sexo pagado contiene principalmente la autoconsciencia de la superioridad masculina sobre el estereotipo del  «incomprensible», «engañoso»  e «indomable adversario» femenino. También constituye en fiel reflejo y una de las formas más violentas de lo que son las relaciones sociales patriarcales. dentro de estas relaciones, el cuerpo de mujer es un nudo en el cual se cristaliza en su totalidad la red de la jerarquía masculina y el sexo se percibe como una praxis de la imposición/conquista que se acopla y toma forma de placer.

    Además, el hecho de que las mujeres que se encuentran -de una forma u otra- dentro del marco de la prostitución forzada sean inmigrantes, coloca esa imposición también a otro nivel. si por lo general dentro de la relación entre el cliente y la prostituida, él piensa que lo que vale el cuerpo de ella, y lo que le implica ese dinero, en el caso de una «extranjera» la superioridad y jerarquía masculina están fortalecida por una arrogancia racista primermundista. La posición de clase de una mujer/inmigrante/prostituta se percibe dentro de una jerarquía definida en los términos de «tribal/civilizado», despojándola de la base política e histórica que la condujo a esa posición y de sis características como persona. Para un hombre primermundista, el gozo de una eyaculación pagada sobre una «prostituta inmigrante» evidencia una satisfacción adicional, como una praxis de imposición que corresponde a un sujeto que es una forma de vida inferior y desde luego como la consecuencia natural el objetivo por el cual tal ser inferior existe: para servir y para se humillada.

    La industria de carne femenina se sitúa en una de las posiciones más altas del lucro en la escala de la economía ( y para-economía ) global capitalista. Los proxenetas, con la colaboración de los estados «desarrollados», importan sin parar «el material fresco» y por supuesto todos y todas nosotros vivimos despreocupadamente (!) nuestras vidas, mientras esto simplemente sucede por aquí muy cerca, siendo aparentemente invisible, y hasta puede que funcione un extremo y notorio pacto del silencio que contribuye al encubrimiento de las diarias y tan diversas formas de opresión contra las mujeres.

    anna y las otras
    Furia Apátrida

    odibazo@gmail.com

    1 year ago  /  0 notes